miércoles, 15 de septiembre de 2010

LOS TRES ALBAÑILES


A principios del siglo catorce se estaban plantando en Centroeuropa los cimientos de una magnifica catedral. El maestro de obras era un monje a quien se la había encargado la tarea de supervisar el trabajo de todos los peones y artesanos.

Este monje decidió llevar un estudio acerca de la práctica laboral de los albañiles. Seleccionó tres albañiles en representación de las diferentes aptitudes hacia su profesión.

Se acercó al primer albañil y le dijo: “Hermano, háblame acerca de tu trabajo”

El albañil dejó por un momento lo que estaba haciendo y contestó: “Aquí me ves sentado delante de mi bloque de piedra, que mide un metro por medio metro por medio metro. Y con cada uno de los golpes de mi cincel contra la piedra siento que estoy desconchando una parte de mi vida. Mira, tengo las manos endurecidas y llenas de callos, la cara arrugada y los cabellos grises. Este trabajo es el cuento de nunca acabar, lo mismo un día y otro día. Me está matando. ¿Donde está la satisfacción? Me habré muerto antes de que ni siquiera esté acabada una cuarta parte de la catedral”.

El monje se acercó al segundo albañil. “Hermano”, le dijo, “Háblame de tu trabajo”

“Hermano”, contestó el albañil con una voz suave y uniforme, “aquí me ves, sentado delante de mi bloque de piedra que mide un metro por medio metro por medio metro. Y con cada uno de los trazos de mi cincel sobre la piedra siento que estoy labrándome una vida y un futuro. Mira, me ha permitido albergar a mi familia en una casa confortable, mucho mejor de la que yo mismo tuve. Mis hijos van a la escuela. Sin duda tendrán en la vida mucho más de lo que yo tengo. Todo esto ha sido posible gracias a mi trabajo. Al igual que yo le doy a la catedral a través de mi arte, la catedral me da a mi”.

El monje se acercó al tercer albañil. “Hermano”, le dijo, “háblame de tu trabajo”

“Hermano”, le contestó con una sonrisa y una voz llena de alegría. “aquí me ves, sentado delante de mi bloque de piedra que mide un metro por medio metro por medio metro. Y con cada una de las caricias de mi cincel sobre la piedra le estoy dando forma a mi destino. Mira como la belleza atrapada dentro de la forma de esta piedra empieza a emerger. Aquí sentado estoy rindiendo un homenaje ya no solo a mi destreza y a las habilidades propias de mi profesión, sino que también estoy contribuyendo a todo aquello que valoro y en lo que creo, un universo -representado por la catedral- donde cada uno da lo mejor de si mismo en beneficio de todos. Aquí junto a mi bloque de piedra, estoy en paz conmigo mismo y agradecido de que, aunque jamás llegaré a ver terminada esta gran catedral, todavía seguirá en pie después de que pasen mil años, como testigo en honor de lo que hay realmente valioso en todos nosotros y testamento del propósito para el cual el todo poderoso me puso sobre esta tierra”.

El monje se fue y reflexionó acerca de todo lo que había estado escuchando. Aquella noche durmió más plácidamente de lo que jamás hubiera hecho anteriormente y a la mañana siguiente, dimitió del cargo como maestro de obras para ponerse de aprendiz con el tercero de los albañiles.

Entonces, El resultado de cada historia personal no es lo que uno percibe que le ocurre en la vida, sino la interpretación que se le da a lo que le ocurre.

La calidad de vida no esta determinada por lo que nos ocurre, sino por lo que hacemos ante lo que nos ocurre.

Un abrazo a todos y ¡Lindas Fiestas Patrias!





domingo, 16 de mayo de 2010

LAS CUATRO CARAS DE LA MUJER


Sábado 15 de mayo en una mañana fría de otoño en Concepción y con el sol que nos regala su brillo, reviso mi correo y me encuentro con una invitación, para ese día en la tarde, a un Taller dictado por Caroline Ward de Australia titulado “Las Cuatro Caras de La Mujer” “La fuerza interna para liderar tu vida.”

Me sedujo la frase “La fuerza interna para liderar tu vida”, ya que cada aprendizaje que pueda adquirir para continuar liderando mi vida me atrae y más aún si esta depende de mí. Súbitamente, mi vista trae a mi presencia la frase “Una jornada para recuperar la Plenitud y Belleza de tu Poder interior” y entonces me digo no puedo faltar me resulta atractiva la invitación ya que soy mujer, estoy en un emprendimiento y necesito mi fuerza interna para lograr mi objetivo con calidad de vida.

A la hora indicada estoy en el centro de arte y desarrollo humano Rukalihuen. Me resulta muy grato encontrarme con personas conocidas y luego nos ubicamos en un encantador salón. Frente a nosotras dos mujeres con una sonrisa y una mirada de invitación y acogida.

El ambiente es muy grato y comenzamos nuestro viaje con una breve meditación que nos lleva a reconocer nuestro cuerpo y su estado y nos prepara para vivir ese momento en el aquí y el ahora.

Inicio del viaje descubrir “yo soy”, con un ejercicio simple y nos dejamos llevar por el momento y aflora en cada una de las mujeres presente ese “yo soy” simple y sencillo y que esta en cada una de nosotras.

Luego, “Soy quién dices que soy” o “No soy quién dices que soy”. Un ejercicio para que salga del inconsciente toda la información que modela nuestra conducta. Y nos encontramos con una larga lista de ganancias y costos y ¡SORPRESA! las ganancias son las mismas que descubrimos en el primer ejercicio y ¡sin costo alguno!, entonces todo lo que necesitamos para liderar nuestra vida ya lo tenemos en nuestro ser y sólo tenemos que recurrir a él y no dejarnos llevar por el entorno.

Para finalizar el viaje, un gran regalo “Tengo el poder de decir quién soy” y cada una de las mujeres participantes nos fuimos con el poder transformador que necesitamos en este momento en nuestras vidas.

Y la despedida, ¡una maravillosa despedida!, en silencio con una mirada al alma de cada una de nosotras con las expositoras que nos entregaron dos bellos regalos.

Realmente fue una jornada para recuperar la Plenitud y Belleza de mi Poder Interior.

Un abrazo a todos,